Así fue el “Trekking á Feira”, esta vez con cata incluida

 

El pasado  28 Abril quedó marcado en el calendario de Volta Montana como un día lleno de buen rollo -¡y mucho trekking! disfrutando de la naturaleza, la gastronomía y, como no, los vinos del Ribeiro en todo su esplendor, y queremos contarte con detalle esta pedazo experiencia. 

Con motivo de la 55ª Feira do Viño do Ribeiro, nos fuimos a Ribadavia para realizar una ruta dentro de nuestros ya conocidos“Trekking á Feira”, de nada más y nada menos que 14km.

 

 

Comenzamos la ruta  en el área recreativa de A Veronza, donde el buen ambiente entre los asistentes se hizo notar desde el primer instante, con la gran suerte de que el tiempo nos acompañara. Recorrimos el margen derecho del río Avia deleitándonos con los imponentes “mares de viñedos” que inundan toda esta zona, para llegar a Esposende, pequeña localidad vecina al pueblo de Ribadavia,  que alberga un sinfín de adegas y pazos señoriales.

 

 

 

Llegamos a la iglesia que toma el mismo nombre, Santa Mariña de Esposende, una iglesia románica con influencias barrocas y muy típica de la zona del Ribeiro. Tuvimos el privilegio de entrar y disfrutar de, como los lugareños designan, “un gran tesoro escondido del S.XVI“: sus pinturas murales, que aunque recubiertas de cal, se vislumbran en muchas zonas de la iglesia. 

 

Las vistas eran merecedoras de fotos panorámicas, pero también los asistentes…¡no pudimos resistirnos a inmortalizarnos en un selfie!

 

Seguimos ascendiendo para pasar por edificaciones emblemáticas como las bodegas de Casar do Mato y, por supuesto, la iglesia de Santo André de Camporredondo, pegada al ilustre edificio que en su día albergó la rectoral de los monjes Benedictinos, que surtían vino a la mismísima Santiago de Compostela. De hecho, empleó parte de los beneficios de la venta del vino D.O Ribeiro para la construcción del Camino a Santiago y la catedral de Santiago. Descubrimos que este edificio será la futura sede del Museo do Viño do Ribeiro, que pronto abrirá sus puertas al público.

Para finalizar nuestro día, nos dirigimos a la vecina Ribadavia, una ciudad que desprende historia por los 4 costados. Pero en esta ocasión, lo más destacable fue el ambientazo de Alameda, llena de casetas de las diferentes bodegas y cooperativas, donde pudimos degustar los vinos del Ribeiro y disfrutar de unos aperitivos en la Feira do Viño. La buena sintonía en el grupo era tal, ¡que no teníamos ganas de volver a casa!.

Pero… como todo, tiene su final. Nos pusimos en marcha, caminando intramuros de la ciudad Medieval para recorrer sus pétreas calles y, como buenos larpeiros, haciendo una “parada dulce” para degustar los típicos sefardíes en la “Tafona de Herminia”, quien muy amablemente nos mostró todos los productos que vendía y cómo los elaboraba.

 

Para terminar, no podíamos irnos de la Feira do Viño sin pasar por la cata de la iglesia de la Madalena, donde nuevamente el ambiente fue muy enriquecedor y ameno.

 

 

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